El Efecto Látigo
Oculto entre las cifras, agazapado entre las cajas e invisible entre los palets, en algunas cadenas de suministro se esconde un monstruo. Una bestia capaz de cargarse todas las previsiones, de crear los peores atascos y sobrecostes en tu almacén y de originar una rotura de stock en el peor momento. Se trata del temido efecto látigo.
Pese a ser un fenómeno relativamente desconocido, puede poner en peligro tu cadena de suministro. Por lo que harás bien en tomártelo en serio, especialmente cuantos más eslabones tenga tu cadena.
El efecto látigo consiste en los desajustes creados a lo largo de la cadena de suministro entre las predicciones de la demanda y la demanda real. El efecto látigo se produce cuando estas pequeñas variaciones en un punto determinado de la cadena de suministro van aumentando según se avanza en la cadena, resultando en grandes diferencias al llegar al extremo opuesto y produciendo problemas de inventario a su paso.
Este efecto de bola de nieve puede acabar alternado todo el sistema logístico de las empresas involucradas. Lo que empieza en una pequeña discrepancia entre el pedido y las necesidades reales, fácilmente subsanable, termina ocasionando grandes colapsos en el engranaje logístico.
Dependiendo de la amplitud del desfase, la situación a lo largo de la cadena de suministro puede ir desde sufrir algunas ineficiencias y sobrecostes hasta extremos caóticos que impliquen roturas de stock, uso de horas extra, contratación y despido de mano de obra, alquiler de maquinaria, etc.
El efecto látigo también se conoce como ‘amplificación de la demanda’, ‘amplificación de la varianza’ y ‘efecto Forrester’. Se considera que está estrechamente relacionado con la filosofía Lean, al encarnar varios de los Desperdicios de esta teoría, como el exceso de inventario y la sobreproducción.
Hay una serie de procesos que empeoran las consecuencias del temido “látigo”.
Pongamos un ejemplo. Imaginemos un supermercado que vende una cantidad determinada de producto y necesita reponerla. Para cubrir su demanda pide la cantidad vendida -o una predicción de la que va a vender- más un porcentaje adicional para contar con un stock de seguridad, ya que el que tenía se ha terminado por un pico de ventas.
El pedido llega a su inmediato proveedor,que además acaba de sufrir problemas de desabastecimiento y retrasos por parte del siguiente escalón. Por lo que al exceso de pedido inicial le añade aún más cantidad de la debida, motivado por el pánico y la falta de confianza. El siguiente eslabón, además, no es informado de que el tamaño del pedido inicial está influido por la reposición del stock de seguridad por un pico puntual de ventas y considera que el incremento forma parte de una subida estable de la demanda, por lo que empieza a pedir a su vez aún más producto para las próximas semanas.
La situación puede repetirse en cada paso de la cadena de suministro de forma que al llegar al final la cantidad de producto que será empujada cadena arriba puede diferir mucho de la que el destinatario final necesita. De ese crecimiento en cada una de las ‘curvas’ viene su comparación con un látigo.
Transparencia, comunicación e integración tecnológica son claves para combatir el efecto látigo.
El efecto látigo nace de la dificultad para hacer predicciones precisas sobre la demanda del mercado. Por tanto, la principal manera de combatirlo es ser capaces de afinar lo máximo posible estas estimaciones.
Varios estudios indican que, curiosamente, ser especialmente precavidos resulta contraproducente ante este problema. Las personas más conservadoras, que asumen menos riesgos y que recurren con más frecuencia a disponer de stocks de seguridad más grandes son más proclives a sufrir el efecto látigo. Por otro lado, las personas que tienen más experiencia trabajando con métodos de predicción de la demanda más afinados y aquellas que asumen más riesgos suelen sufrir menos el ‘golpe’ del látigo.
A la hora de analizar los eslabones de la cadena, los minoristas responden a las variaciones en la demanda de forma más rápida que los mayoristas. Esta capacidad para adaptarse les hace más resistentes a sus efectos perniciosos.
Según el estudio de Xun Wang y Stephen M. Disney, los diversos estudios realizados sobre el efecto látigo permiten llegar a varias conclusiones:
El juego de la cerveza es un juego ideado en 1989 para mostrar y estudiar el manejo de inventarios. Con el paso del tiempo se ha usado cada vez más para entender y explicar cómo funciona el efecto látigo. Consiste en simular una cadena de suministro en la que se van introduciendo ligeras variaciones en la demanda que realiza el eslabón final, mientras el resto de participantes solo puede conocer la demanda que les llega directamente a ellos en cada turno.
En la modalidad en la que se emplean cuatro eslabones, la amplificación del pedido llega con frecuencia a ser hasta un 700% mayor que la demanda original. Sterman, diseñador del juego, detectó que entre los errores más frecuentes estaba el de no tener debidamente en cuenta el producto sobre el que ya había un pedido pero que aún no había sido enviado. Curiosamente, este fenómeno se reproducía en otros experimentos en los que la cadena de suministro era plenamente visible, cuando la demanda era conocida e incluso cuando además de conocida era estable.
Las variaciones en el precio pueden ayudar a mitigar o a incrementar el efecto látigo, debido a la relación entre precio y demanda. Si queremos llevar a cabo un descuento hemos de estudiar previamente cómo va a afectar a nuestra cadena de suministro el teórico aumento en las compras. De nuevo, la capacidad para compartir información entre los actores será fundamental.
Del mismo modo, en una situación de problemas con el stock se puede jugar con el precio para paliar la escasez. Peor hay que tener cuidado, ya que la propia escasez de suministros aumenta de por sí el efecto látigo, pues existe una tendencia a elevar la cantidad demandada en los pedidos para asegurarse el suministro durante más tiempo.
Si hasta ahora te habías preguntado a qué se debían todos esos atascos y problemas en tu cadena de suministro, sin lograr encontrar una explicación, ahora tienes un buen lugar por el que empezar a buscar.
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