El cambio en la empresa
El cambio no es una opción. Vivimos en tiempos líquidos, en los que todo fluctúa y nada permanece quieto. Y el mundo de la empresa, desde luego, no vive ajeno a esta realidad. Sin embargo, ser conscientes de esta necesidad del cambio no significa que las compañías sean capaces de lograr inculcar esta filosofía en su ADN y en el de sus plantillas. Aún hoy, hasta los más elaborados planes de reforma continúan fallado en un gran porcentaje de las ocasiones.
El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.
John Fitzgerald Kennedy
John Kotter, uno de los gurús del cambio desde hace años, establece una guía de 8 pasos para planificar un cambio y, lo más importante, que éste tenga éxito. Para que puedas lograrlo en tu empresa, repasamos contigo este camino.
Haz que el cambio sea una necesidad y que la plantilla lo sienta así. No hay ningún camino más seguro para el fracaso que tener una plantilla que crea que el cambio es un capricho de la directiva. Que el cinismo se extienda en el equipo ante la nueva iniciativa pueda matarla antes de comenzar a andar.
Para conseguir ese deseo del cambio puedes hacer varias cosas:
Como en cualquier guerra, cuantos más aliados, mejor. Para lograr alistarlos necesitarás un fuerte liderazgo que favorezca que estos luchadores se suban a tu barco y eso solo se consigue con un buen líder.
Para este reclutamiento:
La inspiración es algo tan poderoso como difícil de encontrar. Crear un sentido de finalidad es una herramienta muy poderosa y fundamental para el cambio. Posiblemente tengas varias ideas para varios departamentos, y pueden ser grandes ideas por separado, pero si parecen inconexas tus trabajadores pueden verlas como un batiburrillo y rechazarlas.
Consejos:
De poco te va a servir una gran visión sino la haces llegar con eficacia a todos tus objetivos. El secreto está en no limitarse a crear grandes reuniones, comunicados y memorandos para explicar tu visión, sino en lograr “bajarla” al día a día.
Habla de ella constantemente a tus trabajadores, aunque sea junto a la máquina del café. Y haz que tus actos y decisiones se ajusten a lo que expresa tu visión. Si aseguras ser una empresa innovadora pero tus empleados ven que te anclas a modelos, productos o procesos anticuados, tu visión fracasará.
Ya tienes una visión, un ejército que la apoya y has comenzado a evangelizar sobre ella. Sin embargo, es ahora cuando vas a tener que enfrentarte a las primeras oposiciones. Personas reticentes, procesos burocráticos, estructuras anticuadas… Son varias las formas que puede tomar esta amenaza para el cambio en tu empresa.
Para lidiar con ello tendrás que identificar a los agentes que entorpezcan el cambio. Trata la situación con ellos para que se sumen a la causa, mostrándole las ventajas a corto y largo plazo.
Además, tendrás que ser rápido en la detección y en la solución, ya que un obstáculo que se enquiste puede dar al traste con todo un plan de acción.
Aunque la visión de conjunto siempre tenga que mirar al horizonte, es más fácil hacer impulsar a tu equipo si le colocas metas cada menos metros. Crear esa sensación de logro hará entrar al equipo en una dinámica positiva.
También es importante procurar que los primeros sean sencillos de conseguir, para que te sea más fácil que toda la maquinaria se ponga en marcha, mientras que un fallo temprano puede hacer que varias personas se bajen del carro. Procura que el presupuesto para estos hitos iniciales sea, así será más fácil justificar las inversiones.
O, en otras, palabras, no cantes victoria antes de tiempo. Para que el cambio se consolide en tu empresa no necesitas una gran victoria, sino que la ideología del cambio forme parte de la personalidad y el espíritu de la compañía. Si quieres ser innovador no basta con sacar una vez el producto más avanzado de tu sector al mercado y luego dormite en los laureles. ¿Por qué no hacerlo una vez cada año? O mejor, tres.
Algunos consejos para consolidar el cambio son:
–Mante un flujo constante de novedades. Nuevo líderes, nuevas ideas, nuevas líneas de trabajo. Cualquier agente que suponga la introducción de novedades.
-Mide los éxitos de tu cambio. Pon metas, analiza hasta dónde has conseguido llegar, qué te ayudó en ello y qué te entorpeció.
La especie que sobrevive no es la más fuerte ni la más inteligente, sino la que más responde al cambio.
Charles Darwin.
Has conseguido un gran cambio y además has logrado mantener su inercia. Es el momento para la victoria definitiva: institucionalízalo. Que el cambio como constante cale en los huesos de la empresa y forme parte del “así es como hacemos las cosas aquí”, como intentamos conseguir en Transgesa.
Pero aunque hayas llegado hasta aquí, sabes que no puedes acomodarte porque todo sigue cambiando. Algunos de los líderes que tanto han colaborado para el cambio se jubilarán o tomarán otro camino profesional, tu sector mutará con nuevos productos, problemas y oportunidades e incluso tu empresa tal vez modifique su manera de competir en el mercado.
Una de las maneras más eficaces de seguir preparados para el cambio, es implicar en la tarea al departamento de Recursos Humanos. Premia a los líderes de tu equipo, asegúrate de que el cambio es una variable que se tiene en cuenta en los procesos de selección de personal y construye equipos humanos que no solo lidien con él sino que puedan provocarlo ellos mismos.
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