El cambio no es una opción. Vivimos en tiempos líquidos, en los que todo fluctúa y nada permanece quieto. Y el mundo de la empresa, desde luego, no vive ajeno a esta realidad. Sin embargo, ser conscientes de esta necesidad del cambio no significa que las compañías sean capaces de lograr inculcar esta filosofía en su ADN y en el de sus plantillas. Aún hoy, hasta los más elaborados planes de reforma continúan fallado en un gran porcentaje de las ocasiones.
